Sepulcro de Calatayud desde 1156, año en que Ramón Berenguer IV le
concedió el señorío del lugar. En 1228 ya poseía la iglesia parroquial,
cercana al castillo, por donación del obispo de Tarazona, García Frontín.
Los monarcas sucesores confirmaron la donación y en 1328 estaba
constituida la encomienda, siendo su comendador Bartolomé de Morlanes.
Nuévalos fue señorío del convento que la Orden del Santo Sepulcro fundó.
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