Perteneció sucesivamente al Condestable Ruy López Dávalos, al Infante de
Aragón D. Juan, a Don Alvaro de Luna y finalmente al favorito de Enrique
IV, Beltrán de la Cueva, Primer Duque de Alburquerque, que daría nombre a
la villa y levanta el catillo actual. Reformado por el segundo Duque.
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