arqueólogos barajan la hipótesis de que el origen del castillo se remonte a
época romana.
Época en la que sería una atalaya romana para vigilar la vega del Ebro y que
posteriormente se reaprovecharía en la época de disturbios medievales.
Así, el rey navarro Carlos II ocupó el castillo, vendiéndolo en 1368 y
pasando en 1392 a la familia Medrano, creándose en 1407 el mayorazgo de
los Medrano.
Posteriormente y hasta el XVI estará en manos de la familia Porras.
En el XVII será de los Siruela, pasando a finales de este siglo a la familia
Frías Salazar que lo mantendrá hasta principios del XIX.
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