(1625) hizo que el Cabildo de Tenerife, a iniciativa del Capitán General D.
Francisco González de Andía, acordara la construcción de una fortificación
en las proximidades de la Caleta de los Negros.
La sublevación de Portugal (1640) impulsó que se ejecutara la obra,
terminada en 1643, bajo la dirección de D. Juan Fernández Franco, Sargento
Mayor de Tenerife.
El Rey Carlos II dio en 1684 facultad para nombrar castellano o alcaide al
Cabildo. Este nombramiento, junto con el del Castillo de San Cristóbal, eran
ambicionados por la nobleza de la isla como un honor, pero además por dos
motivos importantes: era la forma más importante de poder probar su
hidalga condición, de cara al ingreso en las Órdenes Militares o en las
Maestranzas.
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