antigua acrópolis romana.
Del periodo islámico quedan la base y el trazado de las murallas, el pozo y la
única necrópolis árabe a cielo abierto que hay en Cataluña.
Después de la Reconquista, se convirtió en prisión y, ya desde tiempos de
Jaime I, en residencia real. A partir del s. XV, fue sucesivamente adaptado a
las nuevas exigencias de defensa.
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