remates de ladrillo, cuyo origen se remonta al siglo XIV con reformas en los
siglos XV y XVI.
Reconstruido a mediados del siglo XV, al más puro estilo mudéjar, por Don
Alvaro de Zúñiga. Tras su muerte pasó a manos de los Reyes Católicos.
A comienzos del s. XVI, Fernando el Católico, consciente de la situación
estratégica de Arévalo, lo remodela, convirtiéndolo entonces en fortaleza
artillera.
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